Su resurgir forma parte de un movimiento más amplio, en el que los accesorios recuperan el poder dentro del look masculino.
Llevar joyas nunca es una decisión meramente estética. Detrás de ellas hay un sinfín de significados que tienen que ver con nuestras historias personales —cada pieza es el recordatorio de un evento relevante o una persona importante—, pero también con los mensajes que queremos transmitir. Precisamente esa es la razón que ha llevado a los hombres a lucir broches sobre la alfombra roja: en los premios Oscar de 2024, por ejemplo, el protagonista de La sociedad de la nieve, Enzo Vogrincic, llevó en la solapa una pieza que representaba a la cordillera de los Andes.
Todo comenzó en las antiguas civilizaciones de Grecia, Roma y Egipto, cuando hombres y mujeres crearon unos alfileres de oro para sujetar sus túnicas. Entonces, los animales y los insectos fueron los más representados: prueba de ello es un escarabajo egipcio de jade en montura alada posterior que se exhibe en el Museo de Arte de Worcester, en Massachusetts. Una paloma en oro blanco y diamantes de Perodri recupera la esencia del broche como una oda a la naturaleza tanto en su belleza como en su significado.


El sistema que se popularizó para vestir las túnicas se extendió después para cerrar las capas en la Edad Media, añadiendo entonces iconografía cristiana y piedras preciosas como los rubíes, las esmeraldas o los zafiros. Como ha ocurrido con todas las joyas, los broches comenzaron a ser sinónimo de alto estatus.
Hasta que, a finales del siglo XVIII, estos pasaron a ser un distintivo de intelectuales, gracias a la tendencia de los botoniers. Procedente de la palabra francesa boutonnière, que significa ojal, estos adornos florales fueron encumbrados por Oscar Wilde como un símbolo de la estética dandy en Inglaterra. Para conseguir esa inspiración, Perodri propone una pieza en forma de flor, de la colección Anhelia, formada por oro amarillo, diamantes en talla brillante y ópalo fantasía en color rosa.


Más adelante, los orfebres del movimiento art nouveau transformaron la costumbre de lucir flores naturales en sofisticados broches con motivos vegetales de oro y plata. Además, la forma de llevarlos evolucionó y se instalaron también en bufandas, jerséis o sombreros, una tendencia que ahora recuperan las pasarelas y que nos permite ser más creativos a la hora de conseguir formas más audaces de colocarlos. Como con este diseño de Perodri en forma de lazo y compuesto por oro y diamantes en talla brillante, que es ideal para cerrar el cuello de una camisa a modo de pajarita en un evento especial.


Este truco de estilismo tan popular en Londres y París enseguida fue adoptado por el duque de Windsor, que lo trasladó a Estados Unidos, donde los actores de Hollywood, como Fred Astaire y Gary Cooper, los lucieron con sus esmóquines. Para conseguir un look de alfombra roja con un toque retro como el de ellos, decántate por un elegante diseño en oro, diamantes y perlas, como este de la colección Misterio de Perodri.


Y recuerda que, más allá de la excepcionalidad, lo interesante es cómo el broche se integra en el día a día. Sobre todo ahora que la sastrería se relaja y convive con códigos más informales, este accesorio ofrece una vía sencilla para elevar cualquier conjunto: un abrigo de lana, una americana o incluso una camisa blanca pueden transformarse y, sobre todo, personalizarse, con una joya de estas características.


