La relojería mecánica se apoya en una serie de soluciones técnicas que, con el paso del tiempo, han demostrado ser esenciales para garantizar precisión y fiabilidad.
Entre ellas, destaca el uso de joyas, aunque su función no siempre resulta evidente. Estas pequeñas piezas, integradas en el corazón del movimiento, responden a una necesidad mecánica muy concreta y forman parte del lenguaje técnico de la relojería tradicional.
Comprender su papel permite valorar con mayor profundidad la ingeniería que hay detrás de un reloj bien concebido.
Origen de las joyas en el mecanismo de los relojes
Antes de que las joyas se convirtieran en un estándar, los relojes mecánicos sufrían un desgaste considerable debido al contacto directo entre piezas metálicas.
La fricción constante afectaba tanto a la regularidad de la marcha como a la vida útil del mecanismo, un problema especialmente relevante en los primeros relojes portátiles.
A partir del siglo XVIII, algunos relojeros comenzaron a experimentar con piedras duras para proteger los puntos más sensibles del movimiento.
Se consiguió mejorar notablemente la resistencia al desgaste y en la estabilidad del funcionamiento. Con el avance de la industrialización relojera durante el siglo XIX, el uso de joyas en los relojes se sistematizó y pasó a formar parte del diseño técnico de los movimientos de mayor calidad, estableciendo las bases de la relojería moderna.

Para qué sirven las joyas del mecanismo de un reloj
Para comprender por qué se utilizan joyas, basta con observar cómo trabaja un movimiento mecánico. En su interior, decenas de ruedas giran de forma continua, transmitiendo la energía del muelle real a lo largo del tren de engranajes. En cada eje, en cada punto de apoyo, la fricción está siempre presente.
Las joyas actúan como cojinetes de gran resistencia en esos puntos más sensibles. Su dureza y su superficie perfectamente pulida reducen la fricción al mínimo, limitan el desgaste de los pivotes y permiten un movimiento más fluido y constante.
Esto se traduce en una mejor transmisión de la energía, una mayor regularidad de la marcha y una reducción significativa del deterioro a largo plazo. Además, facilitan una lubricación más estable, ya que los aceites se mantienen mejor sobre superficies de este tipo.

Función de cada joya en el movimiento de un reloj
En relojería, las joyas no son todas iguales, cada tipo cumple una función específica para controlar fricción, posición y estabilidad del movimiento.
Las joyas perforadas son las más comunes y sostienen radialmente los ejes de las ruedas, su ajuste es crítico porque influye en la precisión y el desgaste.
Las joyas planas o contrajoyas controlan el juego axial y absorben presión vertical, especialmente en el eje del volante, a menudo junto a las joyas perforadas para asegurar posición y lubricación.
Dentro de esta misma función axial, se encuentran las joyas de gorra, colocadas sobre la joya perforada, limitan el desplazamiento vertical del pivote y protegen sus extremos, con especial importancia en el órgano regulador.
En el escape se usan las joyas de paleta en el áncora, cuya geometría y pulido afectan a la eficiencia, y la joya de impulso del volante, que recibe el impulso del áncora y lo transforma en oscilación, donde orientación y acabado son determinantes.

¿Qué joyas se emplean en el mecanismo de un reloj?
Aunque el término “joya” pueda sugerir una variedad de piedras preciosas, la relojería ha adoptado un material casi exclusivo por razones técnicas. Desde finales del siglo XIX, el rubí sintético se ha convertido en el estándar del sector.
Este material tiene una gran dureza, una excelente resistencia al desgaste y ofrece mucha estabilidad.
Además, su fabricación controlada permite obtener piezas homogéneas, algo fundamental en un entorno mecánico tan exigente.
En épocas anteriores se utilizaron piedras naturales como el zafiro o el granate, pero su variabilidad y coste limitaron su uso con el tiempo.
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