Elegir el tamaño de un diamante suele generar dudas porque influye directamente en la apariencia y el equilibrio de una joya.
Es importante aclarar que el tamaño de un diamante no depende únicamente de los quilates. Los quilates indican el peso de la piedra, pero no su diámetro. Según la forma en la que esté tallado, un diamante puede concentrar más peso en su altura o repartirlo en su superficie, lo que hace que dos diamantes con el mismo quilataje puedan verse de distinto tamaño.
Para elegir el tamaño adecuado conviene tener en cuenta varios factores, como el tipo de joya, la proporción del diseño, las características de la persona que la llevará y la relación entre tamaño y calidad del diamante.
Relación entre el tamaño del diamante y quilates
Que dos diamantes tengan el mismo quilataje no significa que vayan a verse iguales. El motivo principal, como hemos comentado anteriormente, es la talla, es decir, las proporciones y los ángulos con los que se ha tallado el diamante para manejar la luz
Un diamantecon proporciones más equilibradas reparte mejor el peso hacia la superficie, se ve más amplio a simple vista y, además, devuelve mejor la luz,ganando brillo y presencia, aunque marque los mismos quilates.
Tamaño del diamante según el tipo de joya
El tamaño ideal de un diamante se elige en relación con la joya que lo va a sostener y con la proporción que quiere conseguir. Un mismo quilataje puede verse perfecto en una pieza y excesivo o tímido en otra, porque lo que realmente percibimos es el equilibrio entre la piedra, el metal, el diseño y la forma en la que la joya se ve sobre el cuerpo.
En un anillo, el diamante suele ser el punto focal, así que su tamaño debe guardar equilibrio con la mano y con el ancho del aro. En un anillo de compromiso se busca presencia sin perder armonía, para uso diario conviene un tamaño cómodo, y para eventos puede apostar por algo más llamativo o por diseños que aumentan la presencia visual, como halos o combinaciones de piedras preciosas.
En pendientes, el tamaño se percibe en movimiento y junto al rostro. Para un resultado discreto, mejor diamantes que aporten brillo sin dominar, para unos pendientes protagonistas, el tamaño debe equilibrarse con la longitud, la caída y el peso para que se vean elegantes y sean cómodos.
En collares, la proporción depende de dónde cae la piedra y de cómo se ve el conjunto. Un collar solitario pequeño puede verse muy refinado si está bien centrado, si busca impacto, necesita más presencia o un diseño que lo enmarque, teniendo en cuenta que la longitud de la cadena y el escote cambian la percepción del tamaño.
En pulseras, el tamaño se entiende por continuidad. En un modelo de pulsera tipo tenis, tamaños más pequeños suelen ser más versátiles y ligeros, mientras que los grandes pesan más, y en diseños con un solo diamante, la piedra debe integrarse con el ancho de la pulsera y el espacio de la muñeca.
Tamaño del diamante según la persona que lo llevará
Más allá del corte del diamante, las proporciones o los quilates, el estilo de cada persona marca la decisión final. Para un gusto minimalista, lo más acertado suele ser un diamante de tamaño pequeño a medio y un diseño limpio. Para un estilo llamativo, convienen tamaños con más presencia y monturas que amplifiquen el efecto, como halo o laterales con diamantes. Para un estilo clásico y atemporal, un tamaño medio en solitario con cuatro o seis garras y un aro liso o con pavé muy sutil suele ser la apuesta más segura.

Relación del tamaño con las 4C
Una vez tenga claro el tamaño aproximado que quiere para la joya, el siguiente paso es elegir una piedra que resulte bonita, luminosa y proporcionada. Para orientarse, se utilizan las 4C de los diamantes, los cuatro criterios con los que se valora un diamante y que determinan su aspecto: peso (Carat), talla o corte (Cut), color (Colour) y pureza (Clarity).
A partir de ahí, la talla (corte) suele ser el factor más decisivo para maximizar el brillo y también el tamaño visual. Un diamante bien proporcionado refleja la luz de vuelta hacia el ojo, se ve más luminoso y, además, aprovecha mejor su cara superior, lo que puede hacer que parezca más grande.
Entre los cortes más destacados en joyería se encuentran la talla brillante, la talla princesa y la talla baguette. La talla brillante es apreciada por su capacidad de maximizar el brillo y la luz, mientras que la talla princesa combina líneas modernas con un precioso resplandor. La talla baguette que también puede encontrarse en muchos diseños, se caracteriza por su forma alargada y rectangular, con un elegante estilo escalonado y facetas paralelas al contorno.
Cuando toca elegir entre tamaño y calidad, lo más sensato suele ser no sacrificar el corte solo para ganar quilates. Si busca un diamante protagonista, normalmente compensa más optar por una talla excelente, aunque eso suponga renunciar a una pequeña parte del peso.
También conviene priorizar la pureza del diamante limpia a simple vista, sin inclusiones visibles. Cuando hay inclusiones numerosas y evidentes, no solo se reduce el brillo, sino que también puede verse comprometida la estructura del diamante, aumentando el riesgo de roturas o grietas.
En cuanto al color del diamante, lo ideal es ajustarlo al metal y al efecto que quiera conseguir. En diamantes “blancos”, la escala más utilizada es la del GIA, que va de D (incoloro) a Z (amarillo claro o marrón), por lo general, se prefieren los diamantes que están más cerca de la incoloridad.
Como apunte, hay una excepción importante, los diamantes fancy (de color fantasía). En su caso, destacan precisamente por sus tonalidades intensas y su rareza dentro del mercado.

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